En órbita
La sombra de don Belisario (1/2)
Ery Acuña Meneses
El próximo 25 de abril se cumplen 150 años del natalicio del
héroe más renombrado que ha dado Chiapas a la República Mexicana: don Belisario
Domínguez Palencia. Llena de anécdotas, su vida es un umbral de episodios fascinantes
y mitos legendarios, como el de su bendita lengua, que nadie ha podido
comprobar que le fue cortada después de ser asesinado aquel fatídico 7 de
octubre de 1913, por órdenes del dictador Victoriano Huerta.

Las anécdotas que rodean su vida podrían abarcar un libro
entero: casó con su prima hermana, Delina Zebadúa Palencia, fue bautizado el mismo
día en que nació pero apuntado en el Registro Civil hasta los 29 años de edad, aprendió
francés siendo un niño, fue hijo de un luchador liberal, don Cleofás Domínguez
Román (quien perdió la pierna en un combate contra los imperialistas de Maximiliano),
sobrino de Pantaleón Domínguez, gobernador de Chiapas, y nieto de un vicegobernador,
Quirino Domínguez y Ulloa, quien asumió el cargo ante la ausencia del general
Joaquín Miguel Gutiérrez.
Cuando apenas contaba con 16 años de edad partió a París a
estudiar medicina, y regresó 10 años después a su natal Comitán, graduado como
médico cirujano con las especialidades de obstetricia y oftalmología.
Su padre fue un comerciante, que pasó por altibajos, como se refleja en las cartas que le enviaba desde París cuando tenía que dejar de estudiar por temporadas ante la falta de dinero: “Estoy acostumbrado a la miseria, y me importa poco andar roto y no tener camisa que ponerme; lo he enfrentado con calma”.
Su padre fue un comerciante, que pasó por altibajos, como se refleja en las cartas que le enviaba desde París cuando tenía que dejar de estudiar por temporadas ante la falta de dinero: “Estoy acostumbrado a la miseria, y me importa poco andar roto y no tener camisa que ponerme; lo he enfrentado con calma”.
Nació cuando Chiapas apenas tenía 40 años de haberse incorporado
a México, y apenas con un año de edad, Maximiliano
de Habsburgo entraba a Veracruz autoproclamado emperador de México en 1964. Es
decir, llegó al mundo en un tiempo convulsionado por la guerra.
Son sobradas las versiones que refieren la gran labor que
como médico ejerció en Comitán a favor de personas sin recursos, desde su
regreso a la tierra natal en 1889. A ellos, los olvidados, no sólo ofrecía sus
servicios gratuitos, sino que regalaba medicinas que él mismo preparaba: “Apúntelo
a mi cuenta”, solía decir cuando sabía que alguien no podía pagar.
Incluso, se tiene documentado que él mismo preparaba alimentos a los enfermos desvalidos o construía con maderas que él mismo cargaba, camillas improvisadas a los enfermos. En fin, un altruismo nato concebido en su pequeño pero gigantesco mundo.
Incluso, se tiene documentado que él mismo preparaba alimentos a los enfermos desvalidos o construía con maderas que él mismo cargaba, camillas improvisadas a los enfermos. En fin, un altruismo nato concebido en su pequeño pero gigantesco mundo.
Obligado por la salud de su esposa Delina Zebadúa, partió a
la ciudad de México en 1902, sólo para ver morir a su amada prima y compañera.
Fue en ese tiempo que publicó una de las obras periodísticas más valiosas de su
pluma, olvidadas por este homenaje del centenario de su muerte, aparecidas en el
primer volante al que llamó Chiapas, donde pedía a todos los
periodistas del país poner los ojos en Chiapas, ante la humillante pobreza en
que se debatían la mayoría de sus habitantes, en plena efervescencia
porfirista: “No hay caminos, porque no
hay escuelas, no hay periódicos porque los gobernadores en vez de ocuparse del
engrandecimiento y prosperidad, se dejan cegar por la ambición y sólo se afanan
en hacerse ricos a expensas del Estado”.
En esa hoja, Chiapas,
fechada el 28 de abril de 1903, escribió una frase que permite imaginar la
grandeza limpia de su pensamiento, y que recopila Josefina Mac Gregor en su
libro “Belisario Domínguez, Moral y ética, impronta de vida”: “No hay diligencia inútil, no hay esfuerzo
perdido: el trabajo inteligente y sostenido siempre triunfan”.
Después, en 1904, publicó cuatro ejemplares de EL VATE, periódico de literatura, filosofía
y variedades, que significan: Virtud, Armonía, Trabajo y Estoicismo. Con sus
propios recursos redactaba, imprimía y regalaba esta gacetilla, donde insistía al
presidente Porfirio Díaz y a los periodistas de la metrópoli en poner los ojos
sobre la miseria y olvido de su Chiapas, el que tanto le dolió. Además escribió
sobre temas de moral, política, religión, y dedicó grandes apartados a exigir
que se prohibieran las corridas de toro.
Aquí los analistas de su obra, como Josefina Mac Gregor,
señalan la gran influencia que alcanzaron en él pensadores grandes de su época,
como Augusto Comte, Spencer, Smiles, Kant y Pascal. Una vez escribió una frase
realmente hermosa, benévola, que define muy bien el contenido de su ideología: “Permite Dios omnipotente que todos los hombres aprendamos a pensar”.
Después regresó a Comitán, pasado el luto de su esposa fallecida dos años antes, a ejercer de nuevo su labor de médico altruista. Ahí fundó su afamada farmacia “La Fraternidad”, atendiendo a desvalidos de rincones apartados en su consultorio, que hoy permanece casi intacto convertido en la “Casa Museo Dr Belisario Domínguez”, de Comitán (*).
Pero el destino lo llamaría tiempo después a cumplir una misión
loable y valiosa con la patria, al ser designado Senador Suplente de la República
por el estado de Chiapas en 1912. A la muerte del propietario del escaño, Leopoldo
Goutt, el doctor Domínguez asume la titularidad en el senado, en enero de 1913,
y es ahí donde comienza la etapa última de su vida, la que le valió el laurel de
la gloria que lo llevaría a obtener un lugar privilegiado entre las páginas más
selectas de la historia del México real.
(*) Detalles de la "Casa Museo Dr. Belisario Domínguez". http://chiapasesatodavoz.blogspot.mx/2010/10/museo-dr-belisario-dominguez-en-comitan.html
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